Murió el 31 de diciembre de 1972 en un
accidente aéreo cuando llevaba ocho toneladas de ayuda a damnificados
del terremoto ocurrido en Managua.
Icono, modelo y símbolo son adjetivos que definen a uno de los
beisbolistas latinos más excitantes de todos los tiempos, y al mismo
tiempo un ser humano solidario y generoso.
Roberto Clemente Walker, apodado el "Cometa de Carolina" nació el 18 de agosto de 1934 en Ponce, Puerto Rico.
Luchó contra la discriminación racial de los jugadores latinoamericanos y se esforzó por impulsar la educación deportiva en su natal Puerto Rico.
Fue una estrella que brilló en la pelota estadounidense por su estilo, intensidad y carisma, pero fue alejado de los diamantes donde trascendió para convertirse en leyenda gracias a su espíritu humanitario y su solidaridad con los más necesitados.
Precisamente, su interés por buscar el bienestar del prójimo, fue lo que produjo su muerte repentina aquel último día de año 1972.
A los 38 años, Clemente fue en auxilio del pueblo nicaragüense, que atravesaba una tragedia tras el terremoto de Managua ocurrido en vísperas de navidad, que cobró la vida de miles de nativos, sin imaginar que ese día pasaría al ser inmortal tras fenecer en un accidente aéreo.
El llanto fue general y la tristeza trascendió los campos de beisbol para llegar al corazón del mundo.
De San Antón a Pittsburgh
Melchor Clemente y Luisa Walker fueron los padres de Roberto, el menor de cuatro hermanos, quien se crió en San Antón, barrio del municipio Carolina.
Con éxito practicó atletismo, en las modalidades de jabalina y distancias cortas, pero fue el béisbol el deporte que más atrajo su atención.
Se inició con Cangrejeros de Santurce en la liga invernal puertorriqueña en 1952 y desde ese momento empezó a captar la atención de los scouts y cazatalentos de las Grandes Ligas.
Clemente pactó para jugar en las sucursales de los Dodgers de Brooklyn en 1954, por un bono de 10.000 dólares. Una regla de la época señalaba que cualquier pelotero con un bono de esa cantidad o más debía permanecer en la nómina del equipo, y puesto que no era el caso del puertorriqueño, fue dejado libre y los Piratas de Pittsburgh lo tomaron el 22 de noviembre de ese año por una suma menor (4.000 dólares).
En ese equipo de Pensilvania, Clemente hizo historia y enalteció el número 21. Ese dorsal emblemático fue usado por generaciones posteriores que idolatraban al "Cometa".
En esa novena llegó a ser una de sus mayores leyendas y factor fundamental de las victorias logradas a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, que incluyeron cinco títulos de la Liga Nacional y las Series Mundiales de 1960 y 1971.
Cometa del diamante
Jugó 18 años en las Mayores siempre con Pittsburgh. Cuatro veces fue campeón bate de la Liga Nacional (61,64,65 y 67), ganó 12 Guantes de Oro de manera consecutiva, dos campeonatos de Serie Mundial y un premio Jugador Más Valioso (1967).
En trece temporadas superó los .300 puntos de promedio al bate, se retiró con .317 vitalicio, alcanzó la cifra de 3.000 hits y sumó 240 cuadrangulares, 166 triples y 1.305 remolcadas.
Gracias a su excelsa defensa en los jardines logró 266 asistencias a lo largo de su carrera.
El imparable tres mil, el último de su trayectoria, fue un doble y se lo conectó al zurdo John Matlack de los Mets de Nueva York como primer bateador en el cierre del cuarto inning el 30 de septiembre de 1972.
Su educado y fuerte brazo causó estragos en el campo. "Clemente puede fildear la pelota en Nueva York y fusilar un corredor en Pensilvania", dijo en una oportunidad el locutor estadounidense Vincent Edward "Vin" Scully.
En el campeonato de 1958, Clemente consiguió la hazaña de eliminar a veintidós corredores rivales.
Disputó dos las Series Mundiales (1960 y 1971) ganadas por su equipo, ligando imparables en todos los partidos de su equipo en el Clásico de Otoño.
En la final de 1971 cuando el equipo bucanero derrotó a Baltimore, Clemente fue la estrella indiscutible y dejó sólido promedio de .414, por lo cual se adjudicó el premio de Jugador Más Valioso de la final.
Actualmente ocupa el puesto 28 (en su momento fue el numero 11) de los peloteros con más hits en la historia de las Grandes Ligas, y el único con 3.000 hits exactos. Entre los latinos solamente el cubano Rafael Palmeiro (3.020) lo supera, pero el antillano lo logró en 20 campañas.
Su legado se mantiene
Este 31 de diciembre de 2013 se cumplen 41 años del adiós de uno de los peloteros que más emoción y coraje le ponía en el terreno de juego.
"Roberto Clemente significa, desde el punto de vista deportivo, tal vez el ídolo nacional más grande que ha tenido Puerto Rico. En el deporte, no creo que haya nadie que tenga el arraigo de ídolo nacional y el ejemplo para la juventud que tuvo Roberto Clemente", dijo Osvaldo Gil, quien conoció a Clemente en 1952 cuando ambos jugaban en el béisbol Doble A.
En su honor se otorga cada año en las Mayores el Premio Roberto Clemente como reconocimiento a quienes realizan labores comunitarias.
El "Cometa de Carolina" ayudó a los países de Latinoamérica donando comida y equipamientos para jugar béisbol.
Murió en un accidente aéreo cuando llevaba ocho toneladas de ayuda a damnificados del terremoto ocurrido en Managua. El pelotero había alquilado un avión DC-7 que haría el vuelo por cuatro mil dólares. Su cuerpo nunca apareció.
Defendió los derechos de los latinos y los afrodescendientes dentro del plano deportivo, llevó su mensaje de igualdad por todo el mundo y se hizo respetar frente al sistema segregador norteamericano.
"Mi gran satisfacción proviene de ayudar a borrar opiniones gastadas acerca de los latinoamericanos y los afroamericanos", fue una de las tantas frases de Clemente.
"Cuando tienes la oportunidad de mejorar cualquier situación, y no lo haces, estás malgastando tu tiempo en la Tierra", reflexionaba el "Cometa".
"Roberto Clemente fue para los latinoamericanos lo que Jackie Robinson fue para los afroamericanos en el béisbol. Habló por los latinos; fue el primero en hacer valer sus palabras", expresó en una ocasión el periodista deportivo Luis Mayoral.
"Jugó al beisbol con gran pasión. Esa pasión solo podía ser igualada con su compromiso de hacer una diferencia en los menos afortunados. La gente consideró a Roberto como un gran pelotero y por ser muy compasivo. Era también un gran padre, esposo, compañero y amigo", resalto Manny Sanguillén, ex jugador panameño y quien conoció y compartió con Clemente en Pittsburgh.
Roberto Clemente Walker, apodado el "Cometa de Carolina" nació el 18 de agosto de 1934 en Ponce, Puerto Rico.
Luchó contra la discriminación racial de los jugadores latinoamericanos y se esforzó por impulsar la educación deportiva en su natal Puerto Rico.
Fue una estrella que brilló en la pelota estadounidense por su estilo, intensidad y carisma, pero fue alejado de los diamantes donde trascendió para convertirse en leyenda gracias a su espíritu humanitario y su solidaridad con los más necesitados.
Precisamente, su interés por buscar el bienestar del prójimo, fue lo que produjo su muerte repentina aquel último día de año 1972.
A los 38 años, Clemente fue en auxilio del pueblo nicaragüense, que atravesaba una tragedia tras el terremoto de Managua ocurrido en vísperas de navidad, que cobró la vida de miles de nativos, sin imaginar que ese día pasaría al ser inmortal tras fenecer en un accidente aéreo.
El llanto fue general y la tristeza trascendió los campos de beisbol para llegar al corazón del mundo.
De San Antón a Pittsburgh
Melchor Clemente y Luisa Walker fueron los padres de Roberto, el menor de cuatro hermanos, quien se crió en San Antón, barrio del municipio Carolina.
Con éxito practicó atletismo, en las modalidades de jabalina y distancias cortas, pero fue el béisbol el deporte que más atrajo su atención.
Se inició con Cangrejeros de Santurce en la liga invernal puertorriqueña en 1952 y desde ese momento empezó a captar la atención de los scouts y cazatalentos de las Grandes Ligas.
Clemente pactó para jugar en las sucursales de los Dodgers de Brooklyn en 1954, por un bono de 10.000 dólares. Una regla de la época señalaba que cualquier pelotero con un bono de esa cantidad o más debía permanecer en la nómina del equipo, y puesto que no era el caso del puertorriqueño, fue dejado libre y los Piratas de Pittsburgh lo tomaron el 22 de noviembre de ese año por una suma menor (4.000 dólares).
En ese equipo de Pensilvania, Clemente hizo historia y enalteció el número 21. Ese dorsal emblemático fue usado por generaciones posteriores que idolatraban al "Cometa".
En esa novena llegó a ser una de sus mayores leyendas y factor fundamental de las victorias logradas a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, que incluyeron cinco títulos de la Liga Nacional y las Series Mundiales de 1960 y 1971.
Cometa del diamante
Jugó 18 años en las Mayores siempre con Pittsburgh. Cuatro veces fue campeón bate de la Liga Nacional (61,64,65 y 67), ganó 12 Guantes de Oro de manera consecutiva, dos campeonatos de Serie Mundial y un premio Jugador Más Valioso (1967).
En trece temporadas superó los .300 puntos de promedio al bate, se retiró con .317 vitalicio, alcanzó la cifra de 3.000 hits y sumó 240 cuadrangulares, 166 triples y 1.305 remolcadas.
Gracias a su excelsa defensa en los jardines logró 266 asistencias a lo largo de su carrera.
El imparable tres mil, el último de su trayectoria, fue un doble y se lo conectó al zurdo John Matlack de los Mets de Nueva York como primer bateador en el cierre del cuarto inning el 30 de septiembre de 1972.
Su educado y fuerte brazo causó estragos en el campo. "Clemente puede fildear la pelota en Nueva York y fusilar un corredor en Pensilvania", dijo en una oportunidad el locutor estadounidense Vincent Edward "Vin" Scully.
En el campeonato de 1958, Clemente consiguió la hazaña de eliminar a veintidós corredores rivales.
Disputó dos las Series Mundiales (1960 y 1971) ganadas por su equipo, ligando imparables en todos los partidos de su equipo en el Clásico de Otoño.
En la final de 1971 cuando el equipo bucanero derrotó a Baltimore, Clemente fue la estrella indiscutible y dejó sólido promedio de .414, por lo cual se adjudicó el premio de Jugador Más Valioso de la final.
Actualmente ocupa el puesto 28 (en su momento fue el numero 11) de los peloteros con más hits en la historia de las Grandes Ligas, y el único con 3.000 hits exactos. Entre los latinos solamente el cubano Rafael Palmeiro (3.020) lo supera, pero el antillano lo logró en 20 campañas.
Su legado se mantiene
Este 31 de diciembre de 2013 se cumplen 41 años del adiós de uno de los peloteros que más emoción y coraje le ponía en el terreno de juego.
"Roberto Clemente significa, desde el punto de vista deportivo, tal vez el ídolo nacional más grande que ha tenido Puerto Rico. En el deporte, no creo que haya nadie que tenga el arraigo de ídolo nacional y el ejemplo para la juventud que tuvo Roberto Clemente", dijo Osvaldo Gil, quien conoció a Clemente en 1952 cuando ambos jugaban en el béisbol Doble A.
En su honor se otorga cada año en las Mayores el Premio Roberto Clemente como reconocimiento a quienes realizan labores comunitarias.
El "Cometa de Carolina" ayudó a los países de Latinoamérica donando comida y equipamientos para jugar béisbol.
Murió en un accidente aéreo cuando llevaba ocho toneladas de ayuda a damnificados del terremoto ocurrido en Managua. El pelotero había alquilado un avión DC-7 que haría el vuelo por cuatro mil dólares. Su cuerpo nunca apareció.
Defendió los derechos de los latinos y los afrodescendientes dentro del plano deportivo, llevó su mensaje de igualdad por todo el mundo y se hizo respetar frente al sistema segregador norteamericano.
"Mi gran satisfacción proviene de ayudar a borrar opiniones gastadas acerca de los latinoamericanos y los afroamericanos", fue una de las tantas frases de Clemente.
"Cuando tienes la oportunidad de mejorar cualquier situación, y no lo haces, estás malgastando tu tiempo en la Tierra", reflexionaba el "Cometa".
"Roberto Clemente fue para los latinoamericanos lo que Jackie Robinson fue para los afroamericanos en el béisbol. Habló por los latinos; fue el primero en hacer valer sus palabras", expresó en una ocasión el periodista deportivo Luis Mayoral.
"Jugó al beisbol con gran pasión. Esa pasión solo podía ser igualada con su compromiso de hacer una diferencia en los menos afortunados. La gente consideró a Roberto como un gran pelotero y por ser muy compasivo. Era también un gran padre, esposo, compañero y amigo", resalto Manny Sanguillén, ex jugador panameño y quien conoció y compartió con Clemente en Pittsburgh.
Fuente: liderendeportes.com




No hay comentarios: