En un incidente que podría explicarse por los excesos en los que a veces incurre el arte contemporáneo, una mujer que realizaba labores de limpieza en una galería de Italia echó a la basura objetos que creyó de desecho sin saber que formaban parte de las piezas que se exhibían.
El desafortunado hecho ocurrió en una galería Bari, en donde el miércoles pasado se inauguró una exposición que incluía una pieza con galletas “arregladas artísticamente” sobre el piso del lugar. Sin embargo, después de la hora de cierre, cuando la mujer comenzó a limpiar, simplemente barrió con todo y lo embolsó para entregarlo a los servicios de limpia locales, pensando que se trataba de la basura dejada por los visitantes ese día.
Lorenzo Roca, jefe de la compañía de limpieza, defendió a su empleada diciendo que “solo hizo su trabajo”, esto luego de saber que la pieza estropeada estaba valuada en casi 10 mil euros, daño que ahora tendrá asumir la aseguradora de la empresa.
Curiosamente, como recuerda Heather Saul en el diario The Independent, esta no es la primera vez que el arte contemporáneo suscita confusiones de este tipo. En 1999, personal de seguridad de la Tate Gallery de Londres limpió una cama cubierta de condones usados, ropa interior y sábanas sucias sin saber que todo eso era parte de la instalación My Bed (Mi Cama), de Tracy Emin (nominada por esta misma para el prestigioso Premio Turner). Asimismo, en 2004, en el Tate Britain, Gustav Metzger exhibió una bolsa debasura que simbolizaba “la existencia finita del arte”. En esta ocasión también una persona encargada de la limpieza del lugar tomó dicha bolsa y, naturalmente, la echó a la basura.
Por otro lado, en 2001, la instalación Painting-By-Numbers, del renombrado Damien Hirst, corrió una suerte parecida. Por la noche, cuando Emmanuel Asare llegó a limpiar la sala principal dela galería Eyestorm (en el oeste de Londres), se encontró con ceniceros repletos de residuos de cigarro, tazas de café dejadas a medias, botellas vacías de cerveza y periódicos desordenados y esparcidos por el suelo, escenario que le sugirió la idea de que se trataban de los remanentes de una fiesta celebrada aquella tarde.
“No pensé ni por un segundo que eso fuera una obra de arte. No me pareció muy artístico. Así que limpié todo, lo eché en bolsas de basura y lo tiré”, declaró entonces Asare, casi como si emitiera una crítica especializada. Hirst aplaudió el error, calificándolo de “fantástico, muy gracioso”, y Charles Thomson, cofundador del movimiento Stuckist, igualmente celebró el malentendido, asegurando que Asare había entendido a la perfección:
Obviamente el hombre de la limpieza debería ser promovido a crítico de arte de un periódico nacional. Claramente tiene un fino ojo crítico y puede distinguir la basura, justo como un niño puede ver que el emperador no viste ropas nuevas.





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