En medio del desierto, a 60 kilómetros del Río Bravo, al norte del estado de Coahuila en México, se encuentra el ejido San José de las Piedras.
Donde sus únicos habitantes son los Hernández de la Cruz, una familia encabezada por don Benito Hernández, un hombre de 63 años, que tuvo un sueño cuando apenas siendo un niño de 10, y jugando a los exploradores, descubrió un lugar mágico que cautivó su corazón.
Su deseo fue vivir ahí por el resto de su vida, y gracias a su convicción logró convertirlo en realidad. Ahora posee una de las casas más singulares de todo el mundo.
Pues vive debajo de una roca de miles de toneladas que acondicionó con adobe, madera, ladrillos y rejas viejas para convertirla en el hogar que comparte con el amor de su vida: su esposa Santa Martha.
La cueva de la familia Hernández de la Cruz está dividida en 2 secciones por una pared de cemento. Del lado izquierdo, se encuentra la cocina y comedor que cuenta con una parrilla de gas que nunca usan, una vieja mesa de madera y un comal, donde Santa Martha calienta con leña las tortillas y el agua para el café.
En la otra parte de la cueva se encuentra el dormitorio comunitario, que comparte don Benito y su esposa cuando sus hijos y nietos van a visitarlos. Tiene 4 camas y 2 sillones que son pocos para alojar a toda la familia, cuando se reúne en los días de fiesta.






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