El retiro de sir Alex Ferguson, por tratarse de una figura irrepetible, uno de los más exitosos entre los grandes entrenadores de la historia, marcará el fin de una época en el fútbol inglés y europeo.
Ferguson dejará el banquillo del Manchester United al finalizar la temporada, pasando a ocupar un lugar en el directorio, controlado por miembros de la familia propietaria, los estadounidenses Glazer, a cuya estabilidad el técnico contribuyó con reiteradas muestras de fidelidad cuando eran muy criticados.
La temporada que viene, entonces, veremos a Ferguson como embajador honorario del club, una responsabilidad desempeñada durante mucho tiempo por otro gran veterano, Bobby Charlton.
La noticia apuntó en los últimos noticieros del martes y se confirmó en la mañana del miércoles, desplazando del primer plano nada menos que al mensaje de la reina Isabel II en el Parlamento.
Y justamente la reina y Alex Ferguson son los únicos dos personajes que han estado permanentemente en el primer plano durante las últimas tres décadas: todos los demás han desaparecido en los pliegues de la historia.
Ahora le toca el turno a este veterano, un escocés gruñón y con fama de matón, alguna vez concesionario de un pub en Glasgow, aficionado a los caballos de carrera y al buen vino, capaz de imponer una disciplina feroz pero al mismo tiempo de ponerse un guante de seda con los jóvenes.




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