Ya lo dijo Salvador Dalí: “El tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan”. En la cuestión del envejecimiento, puede que lo importante no esté en el simple paso de minutos, horas y días, pero que sí radique en la actitud saludable -o no- que tomemos para crecer. Y si hace algunos meses nos interesamos en cómo desde la Universidad de California se había encontrado una forma de interpretar el paso del tiempo, lo que ahora hay que comunicar es un nuevo descubrimiento en materia de envejecimiento saludable. La respuesta está -una vez más- en el ejercicio.
Especialistas de la Universidad de Aston descubrieron un posible vínculo molecular entre la irisina -una hormona que liberan los músculos luego de realizar actividad física- y el proceso de envejecimiento.
Presente de forma natural en humanos, la irisina tiene la capacidad de reprogramar las células de grasa del cuerpo para que quemen energía en lugar de almacenarla; incrementa el ritmo metabólico del organismo para protegerlo contra la obesidad y sus consecuencias derivadas (como la diabetes de tipo 2). Este equipo de investigadores, liderados por el Dr James Brown, dio con una relación significativa entre los niveles en sangre de esta hormona y la longitud de los telómeros, un indicador biológico de la edad.
¿Cuál es la función de este marcador? Los telómeros son pequeñas regiones que aparecen en la terminación de los cromosomas, que tienden a achicarse cuando las células del cuerpo se replican. En otras palabras: la corta longitud de esta parte cromosómica se relaciona con enfermedades propias de la vejez como el cáncer, los males cardíacos o el Alzheimer.
El estudio en cuestión tomó como muestra a un grupo de personas en buen estado de salud, sin problemas de peso, a los que los investigadores pusieron a prueba. Encontraron que aquellos individuos con niveles de irisina altos tenían, también, telómeros más extensos. Aquí es donde dieron con la relación a probar: el envejecimiento saludable y activo parecía corresponderse con aquellos que, además de tener altos niveles de la hormona estudiada, se veían más “biológicamente jóvenes” frente a los otros que presentaban valores menores.
En palabras de Brown: “A la actividad física se le adjudican muchos beneficios; desde protección cardiovascular hasta pérdida de peso. Esta investigación sugiere que el ejercicio puede proteger a las personas del deterioro, tanto a nivel mental como físico, que supone el envejecimiento. Nuestros resultados señalan un vínculo potencial de moléculas propio de mantenerse en forma a medida que pasan los años”.
Resultado tras este artículo: otro punto para el ejercicio. No nos vamos a cansar de insistir con las bondades de la actividad física, así que ahora también puedes tenerla en cuenta para crecer saludablemente y que tu reloj biológico no corra más rápido de lo debido.
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¿Tienes en cuenta el ejercicio como una buena forma de acompañar el paso de los años?




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