Este pequeño “insecto robótico” es el producto de poco más de doce años de investigación por parte de los ingenieros del Instituto Wyss de Harvard para perfeccionar prototipos inspirados en algunos insectos y animales con el fin de ofrecer robots más eficientes y capaces.
Además de poder volar gracias a su par de alas de movimiento independiente, este pequeño robot no es más grande que una moneda, lo que ofrece un sinfín de aplicaciones; sin embargo, sólo se nos ocurre una: el espionaje.
Pese a su pequeño tamaño, RoboBee cuenta con una cámara que puede recolectar imágenes de lo que ve, permitiéndole trabajar en misiones de búsqueda, rescate o monitorear condiciones en un área. La investigación para crear este pequeño robot tomó 12 años de prueba y error hasta llegar a este resultado.
Lamentablemente, RoboBee no es autónoma todavía debido a que no hay baterías lo suficientemente pequeñas para este aparato. Por el momento la energía es transmitida a través de un pequeño cable, junto con las instrucciones para mover las alas, enviadas desde un computador guía. El siguiente paso es crear un mini cerebro de abeja que pueda realizar estas tareas, y una batería para darle energía.




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